Al ver que la corriente crecía con fuerza imparable, rompió los candados y activó las alarmas de emergencia del complejo de Pemex, alertando a trabajadores y vecinos del inminente peligro.
Gracias a su decisión, cientos de personas lograron evacuar a tiempo, antes de que las aguas arrasaran con casas, vehículos y todo a su paso.
Hoy, mientras Veracruz intenta levantarse tras la devastación, la historia de Raúl nos recuerda algo poderoso: un solo acto de valor puede salvar a todo un pueblo
Gracias, ingeniero Muñoz, por recordarnos que el verdadero heroísmo nace del instinto de proteger la vida.
Tu nombre quedará grabado como símbolo de coraje y humanidad.